Diez años despúes sin redes sociales. Podríamos sobrevivir sin conectarnos al mundo?



Realidad hecha ficción


Es domingo y el sol proyecta una luminosidad que resplandece e ingresa  por la ventana traspasando la cortina, entre despierto y dormido, en el estado que llaman "duerme vela", soy consciente que debo levantarme, pero algo en mí se niega y no puedo abrir los ojos, aunque mi mente sabe que debo salir de la cama. Los sueños o pesadillas que nunca entendí por la complejidad freudiana de la “interpretación de los sueños”, me hacen analizar mis frustraciones e inseguridades, deseos reprimidos y hasta los amores platónicos que dibujan historias ficticias en mi subconsciente. "La infancia es una de las fuentes de las que el sueño obtiene más elementos.” Los sueños son un recordatorio constante de aquello que la consciencia ha reprimido y que nos negamos a aceptar y pensar.
Al fin me atrevo a abrir los ojos y veo el techo más blanco irradiado de luz que no me permite ver la realidad completamente, pero un sonido tenue de mi chip me aterriza a mi estado actual: domingo 23 de junio de 2028; un ligero dejá vu me traslada al momento vivido sin explicación alguna, pero a mis 60 años, la vida continúa ya sin el afán ni el apuro del joven que se atrasa a vivir. Mi sistema interconectado de redes domésticas  encendió automáticamente (programada según mi perfil de usuario) la máquina express de café, la música clásica (segunda sinfonía de Rakmaninov) y la ducha dispuesta al baño diario. 
Mientras se procesa mi primer expresso del día, reviso mis correos y mensajes en la pantalla de mi refrigerador que, al reconocimiento facial de mi pupila, una vocecita femenina me recuerda: almuerzo con su hija Martina y su novio en el restaurante Mar y Tierra con el siguiente menú…. Luego de una ducha profunda que  me limpiará todos mis espantos, mis “protesis” (nanobots) me dan una lectura rápida de las antiguas redes que me niego a abandonar (Twitter, IG), quizás por ese romántico y sentimental hecho de anclarme al pasado y no querer envejecer.
Recuerdo las teorías que estudie en mi segunda maestría allá por el 2018 para racionalizar mi actual vida: “Mi interfaz ideal es aquella en que los ordenadores sean más como las personas. Esta idea es susceptible de ser criticada por romántica, vaga o irrealizable” Nicolás Negroponte, El Mundo Digital. 
Ahora más que nunca entiendo sus conceptos con estas extensiones electromagnéticas que introduje detrás de mi oreja (nano-chip), que según los expertos me ayudará a mi estilo de vida. La verdad, aun no me acostumbro porque siento que podría terminar electrocutado en la ducha, cuando el champú entre por uno de esos micro-sistemas.
Otra vez vuelvo a la realidad y antes de salir de casa, mi conciencia (nano-chip) me susurra al oído,  ponerme mis gafas 3D y mi protector solar, pues el pronóstico del tiempo habla de radiación solar intensa. Conduciendo mi coche hibrido mis “ojos en visión  3D” me llevan automáticamente por las vías menos transitadas para evitar los "trancones"  que la actual tecnología no ha podido superar.



Este fue un micro cuento o quizás un breve ejercicio de ficción, de lo que será nuestra realidad digital en 10 años. Ya el uso de las redes se trasladaría a la nanotecnología en una interfaz de móvil, computadora e internet,  al mismo tiempo, casi como un ciber humano. 
Puede sonar fantasioso o futurista, pero al ritmo al que avanza la comunicación digital y las nuevas tecnologías, la convergencia de todos los sistemas que muchos ya están aquí, nos preparen para los nuevos escenarios del futuro próximo.
“La automatización no significa simplemente desaparición de empleos y reaparición de funciones complejas. Con la recuperación instantánea de la información, posible gracias a la electricidad, concluyen siglos de presión especializada en la pedagogía y la ordenación del saber. La automatización es información; no sólo acaba con el empleo en el mundo laboral, sino también con las asignaturas en el mundo del saber; aunque no acaba con éste. El futuro del trabajo consiste en aprender a vivir en el mundo de la automatización. Es un patrón familiar en la tecnología eléctrica en general. Pone fin a las viejas dicotomías entre cultura y tecnología. arte y comercio y trabajo y ocio.” Marshall McLuhan; Comprender a los Medios, La automatización, aprender a vivir, 1964.
Como futurólogo McLuhan ya nos adelanta en sus conceptos de las extensiones del hombre, a esta automatización de las cosas que en nuestra vida cotidiana y doméstica se refleja con la tecnología apoderada y empoderada de nuestros espacios más personales e íntimos. Ahora vivimos aferrados a nuestras extensiones como si nuestra subsistencia misma, dependiera de estos micro aparatos desde que abrimos los ojos hasta que nos acostamos por la noche.
El aparato digital hace móvil al trabajo y no nos desconectamos nunca, creando una relación casi obsesiva con este sistema (smartphone). “Las redes sociales fortalecen masivamente esta coacción de la comunicación, que en definitiva se desprende de la lógica del capital -más comunicación significa más capital- el hombre digital  digita en el sentido de que cuenta y calcula constantemente” . Byung Chul Han, En el Enjambre, De la acción al tecleo, 2014. 
El hombre del futuro ya no necesitará manos, el nuevo hombre teclea en lugar de actuar, el hombre del futuro no cósico no será un trabajador, no será un homo faber, sino que será el jugador, un homo ludens. Sentencia Chul Han, adelantándose a lo que seremos en unos pocos años.
Es posible un escenario digital post redes sociales es la pregunta. Pero la respuesta está aún por descifrarse, sin duda la sincronización y la convergencia digital no desaparezca las redes sociales como ahora las conocemos, sino más bien se transformen en un sistema integrado de información para ese universo de "prosumidores"  que tendrán un ecosistema digital unificado, pero tendremos que esperar que más futurólogos nos marquen el camino a seguir; mientras tanto debemos racionalizar nuestros conceptos de lo que creemos y hacemos como comunicación digital, porque seguimos siendo unos nómadas en el cyber espacio, en la búsqueda de ese algo que no sabemos a dónde nos llevará o qué podremos encontrar.

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