De princesas desencantadas y príncipes no tan azules; los pintorescos millenials y sus realidades virtuales

De pequeña Larisa se dormía con los cuentos de papá y aunque lo que realmente la hacía dormir no eran esas historias de Cenicienta, Caperusita Roja o la Bella Durmiente, sino sentir la seguridad de su padre junto a ella y aquella voz ronca que entre sueños le daba serenidad porque sabía que el estaba allí siempre para cuidarla. Así creció hasta su adolescencia entre las historias de Príncipes, villanos y princesas, siempre pensando que aquellos personajes que "Dary"  los narraba tan emocionantes no eran ni de lejos los chicos de la escuela a los que ahora descubría algo desencantada.

Darío creció en medio de un hogar disfuncional, su madre se había separado siendo aún un peque de 7 años y pocas veces vió a su padre hasta los 15 años cuando decidieron que el "niño debía hacerse hombre" con el viejo método machista de los 80 y 90. Su madre una trabajadora del hogar ya con sus 40 años a cuesta, tuvo que buscarse la vida para mantener a su pequeño en vista de las malas relaciones con su ex y el poco dinero que entregaba para la manutención del pequeño Darío no alcanzaba a fin de mes. Entonces salió a buscarse la vida como pudo. En ese marco creció el niño cuyas noches recuerda con dificultad pues mamá llebaga tan cansada que apenas preparaba la cena, al acostarlo y darle bendición se quedaba dormida junto a él en la cama. Nunca recordó un cuento contado por su madre, pues casi siempre ella se dormía antes que él y entonces su imaginación solo podía construir un hogar perfecto donde este papá cada noche para abrazarlo.

Así llegaron a la época donde el whatsapp reemplazaba a Mamá y a Papá, pese a que en el Cole no era permitido usar el teléfono había maneras de ocultarlo para estar siempre "conectados". Entre las chicas Larisa y sus amigas mandaban emoticones con corazones y caritas felices para chismear del último chico que entró ese año, en el chat de las compañeras del curso; entre tanto Darío algo menos inquieto y retraído no se integraba al grupo de los más "Cool" del aula porque no estaba a su nivel según muchos, pero se mantenía conectado con otros amigos de los paralelos similares a quienes les interesaban más los deportes que las faldas.

Larisa descubrió el sexo con su primer chico que conoció en Instagram, un guayaco algo fanfarrón pero era muy "sabido y galán" como buen mono pensaba ella, pero le gustaba como la trataba o por lo menos como lo hizo hasta aquel momento. Seis años mayor el muchacho de nombre Rubén había ya recorrido el frondoso mundo del placer desde los 15 y era todo un experimentado semental. Ella no tuvo manera de saber nada del sexo porque mamá no fue valiente para explicarle como debería ella esperar hasta encontrar al chico perfecto, pues su madre creía aún en los Cuentos de Hadas y el Príncipe Azul, lo que asumía que su pequeña recordaba que papá le leía cada noche desde los 5 años.  Rubén resultó ser el Villano del cuento, pues a sus 21 años ya fumaba marihuana y tenía sexo con toda muchacha que le abría las piernas sin preguntar más allá de su edad y su nombre.



Estaba tan borracha que no recordaba en que momento el hombre experimentado que la había seducido entró en ella, pues se fue de copas y no tuvo buena bebida. Solo se dio cuenta cuando sus fotos cirularon por redes teniendo sexo con el tal Rubén; vaya escándalo para la familia y el colegio; el príncipe resultó ser un desteñido descalifcado que solo quizo probar algo nuevo. Supo que fue el "Mono" por el tatuaje que llevaba marcado en su brazo derecho y que salió en una de las fotos, así que era sufiente prueba (Un dragón al estilo oriental), entonces pensó que era mejor que no tener nada, son los tiempos de las relaciones líquidas efímeras y temporales, al estilo Millenials. Rubén la llamó a los 3 días y le pidió disculpas pues esa noche se pasó de copas igual pero que las fotos solo las pasó por whatsapp a un super pana de Guayaquil y que no pensó que eso sería viralizado; aunque no se veia su cara ella sabía que su cuerpo ya lo conocía media ciudad y medio país. A los pocos días lo había olvidado y las fotos ya fueron del pasado aunque la huella digital había quedado allí, muy dificilmente papá o mamá se enterarían; como efectivamente pasó por largas semanas.

Rubén recibió esas fotos por que alguno de sus conocidos reenvió el mesaje hasta que un profesor se percató del Bullying a la chica y lo denunció a las autoridades, lo que ocasionó un bloqueo de celulares y el retiro de todo aparato cuando los muchachos ingresaran al colegio, si bien el autor de las fotos no era parte de la institución la chica si lo era. Por una extraña razón tuvo la curiosidad de querer saber más de Larisa a quien jamás la había reconocido pese a que estaba en la clase de Física que ambos tomaban con el mismo profesor. Ahora era diferente porque reconoció esos muslos duros y bien formados que mostraba Larisa en las clase de cultura física, pues practicaba volley-ball y su piel canela destacaba de entre las demás. Una cintura de avispa y unas nalgas bien formadas y duras por el ejercicio, provocaron en el, unos pensamientos húmedos que lo ponían a volar.

Decidió acercarse a ella, pero Larisa estaba ya en las grandes ligas pues trabajaba por las tardes a medio tiempo en una tienda de ropa donde aprovechaba del WIFI  para "estalquear a sus amiguis". Así que lo desconoció por completo aunque tenía su whatsapp, el intentó establecer una relación vía virtual con un par de mensajes, que fueron respondidos con bastante entusiasmo y pensó que podría resultar algo, aunque sea digital, fuera de las aulas.



Pasaron los días y la relación virtual quedó para el registro de whatsapp con unos cuantos emoticones expresivos del afecto fraterno que parecía haber entre ella y el, pero no paso de allí, asi que prefirió desacartarla como a otras chicas más. Igual lo que más había en ese momento eran mujeres. 


Larisa mientras tanto ya se había hecho a la idea de que su príncipe se hizo aburrido pues solo le escribía al Instagram ya ni siquiera a su teléfono por lo que pensó que era mejor. Raúl estaba en otra dimensión digital ya que sus publicaciones en IG así lo evidenciaron, por suerte sus padres no estaban en Instagram sino en FB y ella por supuesto emigró de esa red social por aburrida y porque allí estaban los viejos y es mejor salir de ese espacio, así que jamás se enteraron de lo que se comentaba de ella y sus andanzas nocturnas de la vida bohemia.

Decidió finalmente abrir su canal de Youtube y compartir su historia a los mundos virtuales, lo que alcanzó una rápida viralización de su contenido con 5 mil reproducciones, 500 nuevos seguidores en Instagram, además de varias invitaciones no muy decorosas por whatsapp, a quienes por supuesto tuvo que bloquearlos no por irrespetuosos sino porque eran demasiado intensos y ella ya no está para príncipes desteñidos.





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