"Si la humanidad no le falla a la naturaleza, la naturaleza no nos fallará a nostros" Xi Jinping 2020. El milenario jardín de las hierbas divinas de Pingli
Como milenaria es la cultura china, son sus montañas y su fauna, así esos verdes campos en las regiones del interior, han regado estos paisajes de verde esperanza para millones de personas con el cultivo del té.
Los ingleses colonialistas del siglo 15 popularizaron el consumo de esta bebida sanadora y curativa, sin saber en esa época de sus propiedades, pues en sus invasiones en el sudeste asiático observaron la tradición china de beber hierbas calientes. Así de milenaria es la planta del té, que viene desde la dinastía Shang en 1600 AC y lo vimos en primera persona en el condado de Chang'an a las afueras de Ankang provincia de Shaanxi.
En la antigua Ruta de la Seda, el té fue una mercancía de importancia tanto como las propias telas de seda y el país elaboraba una gran variedad de té, como el de Wulong, el verde y el rojo, que son los más famosos.
Recorrimos la Ruta del té un caluroso día de verano con 40 grados a la sombra en una ordenada y bien diseñada finca de plantas en Pingli en Jiangjiaping, donde unos 1500 agricultores, han salido de la pobreza gracias a este cultivo en unas 200 hectáreas a una altura de 500 mts sobre el nivel del mar.
Con un ingreso promedio mensual de 300 USD, los campesinos lograron mejorar su nivel de vida, gracias a su organización y cooperativismo en la siembra y recolección de las hojas de té, al punto que el propio presidente Xi visitó la aldea en el 2020 y elogió el esfuerzo diario de los campesinos, con quienes recordó su paso por el agro en la década de los 60.
En los condados de Chang'an y el distrito de Pingli, unas 1400 hectáreas producen millones de toneladas de té por año, que se industrializan en factorías donde trabajadores de las aldeas cercanas tienen su sustento. La gente tiene la costumbre de tomar el té, sobre todo en tiempos especiales y el en el año nuevo se toma con el fin de iniciar la prosperidad de todo el año.
A principios de la primavera, el té es indispensable para comenzar a sembrar la tierra y con la llegada del verano, beberlo es tradición para disipar el calor, aunque en nuestro caso occidentales, buscábamos una bebida helada con mucho hielo, algo que en China no es habitual.
Además de degustar el té, los periodistas recorrimos parte del extenso sembradío, que pese al intenso calor, el lugar conserva la calma y el hábitat antiguo, con plantas de múltiples especies, antiguos y preciosos árboles, flores e hierbas que cubren casi todas las sendas montañosas.




Una cultura milenaria de la que podemos aprender, desde la valoración de la tierra, hasta la importancia del trabajo cooperativo.
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